Llevo años entrenando fuerza y hasta ahora apuntaba los pesos y las repeticiones de cada entrenamiento en un Excel, había intentado crear unas hojas dinámicas mediante fórmulas para que en cada sesión me dijera si subir peso o repeticiones para ir progresando, finalmente lo dejé ya que daba muchos errores y fallaba más que una escopeta de feria. Además, me pasaba el entrenamiento haciendo zoom en el Excel y apuntando los pesos y las repeticiones de mala manera en las celdas.
Para saber que tenía que hacer la siguiente sesión tenía que mirar lo que había hecho la semana anterior en esa serie concreta, compararlo con el rango de repeticiones que me tocaba y decidir. Al multiplicarlo por veinte series en una sesión, por cinco sesiones a la semana, perdía muchísimo tiempo y era un lío tremendo, es normal que así la mayoría de la gente entrene por sensaciones o se pasen meses levantando el mismo peso sin darse cuenta.
Así que decidí hacer una aplicación que solucionara este problema.
Se llama Voltio y es la primera aplicación que he desarrollado yo sola de principio a fin: el motor, la base de datos, la interfaz, el servidor donde corre, los correos que manda y hasta el catálogo de rutinas que lleva dentro. Lo voy a explicar todo en este post.
Lo que hace, y por qué cada pieza está donde está
El corazón de Voltio es un motor de progresión que funciona serie a serie, no ejercicio a ejercicio. Esa distinción parece un detalle y es casi todo el producto.
Cada ejercicio de tu rutina tiene un rango de repeticiones, pongamos 8-12. Cuando registras una serie, Voltio la compara con esa misma serie de la semana anterior. Si pasaste del techo del rango, el objetivo de la semana que viene sube un 5%. Si te quedaste por debajo del suelo, baja. Si caíste dentro, mantiene el peso y lo que tienes que hacer es sumar repeticiones. La primera serie de un ejercicio puede estar subiendo mientras la cuarta baja, porque son cosas distintas y tratarlas como una sola es perder información.
El 5% no se aplica a lo bruto, que es donde esto se rompe en la práctica. Si haces 40 kg en una máquina, el 5% son 2 kg, y en una barra no existe un disco de 1 kg por lado. Así que el redondeo va por tipo de material: barra en escalones de 2,5 kg, mancuerna y polea en escalones de 1 kg. Y siempre hacia arriba cuando toca subir, nunca al más cercano, porque un redondeo "correcto" que te deja en el mismo peso de la semana pasada es una progresión que no progresa. Con pesos bajos, donde el 5% no llega ni a un escalón, sube un escalón entero igualmente. Los ejercicios sin peso, como las dominadas o la rueda abdominal, no suben kilos: les sube el techo de repeticiones.
Al abrir la sesión del día, cada serie te enseña un objetivo concreto —"SUPERA: 42,5 kg × 9+"— y, debajo, las dos referencias con las que se ha calculado: lo que levantaste la semana pasada en esa misma serie y tu máximo histórico. Eso último es deliberado. Un número que sale de una caja negra es un número en el que no confías, y una app de entrenamiento en la que no confías se desinstala en dos semanas.

Hay dos cosas más ahí dentro que salieron de verme entrenar mal a mí misma. La primera es la semana de calibración: la primera semana Voltio no te manda nada, te pide que encuentres tu peso, porque no tiene datos tuyos y fingir que sí los tiene sería inventar. La segunda es un detector de series cómodas. Si la semana pasada hiciste exactamente las mismas repeticiones con el mismo peso en todas las series sin tocar el techo del rango, la app te lo dice: entrenando de verdad, la primera serie rinde más que la última, y clavar 10-10-10 no es entrenar intenso, es calentar dos series y entrenar una.
Reconocimiento de rutina en cualquier formato
Esta parte fue la que más trabajo me dio y la que menos se ve.
Podría haber pedido que la gente teclease su rutina en un formulario. Habría sido mucho más fácil, pero no habría funcionado, porque nadie va a transcribir a mano treinta ejercicios para probar una app. Así que Voltio acepta la rutina como la tengas: el PDF que te pasó tu entrenador, un Excel, una foto del cuaderno, un Word, un archivo de Numbers o de Pages, un CSV, o pegada a pelo en una caja de texto.
El detector no mira la extensión del archivo, mira los primeros bytes, porque la gente renombra cosas y un .pdf puede no ser un PDF. A partir de ahí hay una escalera: si es un Excel se lee, y si el Excel no tiene texto útil es porque la rutina está pegada dentro como imagen, así que se extraen las imágenes incrustadas. Si es un PDF se intenta con la herramienta del sistema y, si no está disponible, con un lector de PDF que escribí en PHP puro capaz de descomprimir los flujos internos y reconstruir el texto de las fuentes que no traen codificación estándar, que es el caso de casi todo lo que sale de Chrome, de Word o de Canva. Si de ahí no sale texto que se parezca a una rutina de gimnasio —y eso se comprueba, no se supone—, el archivo se manda a la IA como imagen para que lo lea mirándolo. Si un iPhone manda una foto en HEIC, se convierte antes. Y si todo lo anterior falla, salta un circuito de rescate: el archivo se guarda, se abre una conversación de soporte y me llega un aviso para montarlo a mano.
La regla que me impuse al escribir ese módulo está escrita en la cabecera del archivo: nunca se le dice al usuario que mande el archivo en otro formato. Si no lo puedo leer, el problema es mío.
El histórico no se pierde, aunque cambies de rutina
Cuando cambias de rutina, un registro de entrenamiento normal te deja con dos ejercicios llamados "Press banca" que no se conocen entre sí. Tus cinco meses de datos quedan colgando del ejercicio viejo y el nuevo empieza de cero.
En Voltio los ejercicios tienen linaje: cuando llega una rutina nueva, cada ejercicio se empareja con su antecesor y sigue arrastrando su historia, sus récords y sus gráficas. La aplicación propone de forma automática y tú decides si es el mismo ejercicio, con un desplegable que te enseña cuántas semanas y qué máximo tiene cada histórico disponible. Y ante la duda no enlaza para no mezclar el histórico de dos ejercicios que no son el mismo,
Eso permite que la rutina se pueda tocar sin miedo: cambiar un ejercicio por otro conservando su progresión, quitar uno (se archiva, no se borra), añadir, reordenar. Y empezar una rutina nueva entera sin perder un solo entreno de los anteriores.
El estancamiento bien medido
Cuando llevas tres semanas sin progresar, lo que toca es bajar la carga una semana para recuperar. El problema es detectarlo: si se lo preguntas a la persona, la respuesta depende de cómo haya dormido esa noche.
Voltio lo mide. Suma el volumen real —peso por repeticiones— de cada semana y compara la ventana de las últimas semanas normales. Si no hay progreso neto, te programa la descarga: mismos ejercicios, mismas series, mismas repeticiones, pero al 60% del peso. Nunca te pone dos seguidas, puedes quitarla si crees que no toca, y al cerrarla retoma las cargas de antes de la descarga, no las rebajadas. También puedes activarla tú si vienes fundida.
Más allá de eso, Voltio cierra la semana calculando los objetivos de la siguiente, genera un informe por grupos musculares que también te llega por correo, guarda tus récords solo, y te enseña la evolución de cada ejercicio en gráficas junto a tu peso corporal y tus medidas. Funciona sin cobertura, que en los gimnasios de sótano es más importante de lo que parece: los entrenos se guardan en el móvil y suben solos al salir, con un aviso visible de cuántos quedan pendientes. Se instala como aplicación en el móvil. Y si entrenas con entrenador, él tiene su propio panel para llevar a sus atletas, ver quién lleva días parado, comentarte la semana y ajustarte la rutina sin salir de ahí.
Todo lo tuyo te lo puedes descargar en un ZIP con cuatro CSV, y puedes borrar la cuenta desde dentro. El borrado, cuando termina, recorre el esquema entero de la base de datos comprobando que no queda ni una fila tuya en ninguna tabla; si encuentra algo, deshace la operación y no borra nada, porque prefiero una cuenta viva a datos escondidos por ahí. Lo único que sobrevive son tres contadores internos —cuántos correos salieron, en qué paso se atasca la gente— y sobreviven sin tu identificador y sin tu correo, así que ya no apuntan a nadie.
Y si no tienes rutina: aquí es donde me metí en la literatura científica
Voltio nació para leer la rutina que ya sigues. Pero mucha gente llegaba sin ninguna, y decirles "vuelve cuando tengas una" era perderlos.
Podría haber puesto una IA a improvisar rutinas. No quise, por una razón simple: alguien se puede lesionar por una rutina generada por una IA sin ningún tipo de evidencia. Así que monté lo contrario, un catálogo cerrado de rutinas escritas y revisadas antes de que nadie las use, generadas por la IA pero bajo la evidencia de 1076 estudios científicos. Hoy son 54 rutinas, 192 sesiones y 1.347 ejercicios, y las revisé una a una en un Excel antes de que entrara ninguna en la app.
Para escribirlas necesitaba que se basaran en evidencia científica en el desarrollo de fuerza o hipertrofia por medio de entrenamiento tanto en hombres como en mujeres, y no me valía con lo que yo creía saber después de años entrenando. Así que construí un sistema que recolecta literatura científica de acceso abierto —OpenAlex, Europe PMC, Unpaywall, CORE y los preprints de SportRxiv— y la deja consultable. El resultado son 1.736 estudios inventariados y 1.078 fragmentos, cada uno etiquetado con su tema, el sexo y el nivel de la población estudiada, el tipo de estudio, el año, la licencia y las limitaciones que declaran los propios autores. De esos, 392 textos completos descargados legalmente, porque "gratis de leer" y "libre de procesar" no son lo mismo y esa distinción me costó entenderla bien.
Encima de eso está la actualización que el American College of Sports Medicine publicó en marzo de 2026, una síntesis de 137 revisiones sistemáticas. De ahí salen cuatro cosas. Tres están hoy en todas las rutinas:
La cuarta, en torno a diez series por grupo y semana para ganar masa, solo la alcanzan las rutinas de más días, y de eso hablo abajo.
Los rangos de repeticiones de cada ejercicio tampoco me los inventé: salen de las 333 fichas de un manual de hipertrofia, y el ejercicio cuya ficha no traía un rango legible directamente no entró.
Luego hay dos verificadores que se niegan a dejar pasar una rutina mala. Uno corre sobre el catálogo entero con las siete reglas que puse yo: ninguna rutina con repeticiones fijas en vez de rango (el motor necesita un techo contra el que comparar, si no la progresión automática deja de funcionar), mínimo dos ejercicios de core, ningún día de cuerpo completo sin un empuje y un tirón de verdad, y cuatro más. El otro revisa lo que sale del constructor con diez reglas, las mías más tres que salieron del estudio, entre ellas que las sesiones de una misma rutina duren parecido entre sí. Y lo revisa leyendo el resultado desde cero, sin fiarse de nada de lo que hizo el programa que lo escribió, porque un constructor puede tener un fallo y creerse que ha cumplido.

El sistema distingue tres cosas y no las mezcla: lo que respalda la evidencia, lo que es criterio mío, y lo que simplemente medí sobre mis propias rutinas. El reparto de énfasis entre grupos musculares es decisión de producto, no un hallazgo científico: la evidencia dice cuánto volumen hace falta para que un músculo crezca, no dice qué músculos quiere desarrollar nadie. El motor de descarga no tiene respaldo en el corpus, y lo sé porque el tema de deloads y fatiga tiene cero fragmentos: está construido con criterio, y ponerlo por escrito me parece más honesto que dejarlo ambiguo. Y no todas las rutinas llegan a esas diez series por grupo: con dos o tres días a la semana no caben, es aritmética y no hay reparto que lo arregle, así que esas rutinas lo avisan en su cabecera. Para fuerza y para salud dos días bastan, y eso es lo que se dice. Callarlo sería vender otra cosa.
Y el hallazgo que no buscaba y me tuve que tragar: sobre mujeres hay muchísima literatura y muy buena, pero casi ninguna responde a cuántas series hacer. Se estudia a las mujeres para el hueso, la menopausia, el embarazo y la disponibilidad energética. No para decidir volumen ni frecuencia. Así que no hay base para vender "rutinas de mujer" con una estructura distinta, y cuando la app responde apoyándose en estudios hechos con hombres, lo dice.
Lo que me llevo de construirla
Voltio corre sobre PHP y MariaDB, con JavaScript sin una sola dependencia externa, en un servidor que administro yo. Esa decisión la tomé el primer día y la volvería a tomar: sin compilación ni cadena de construcción, un cambio pasa de mi portátil al servidor en un minuto, y dentro de dos años seguirá arrancando sin que nada se haya podrido por debajo.
Pero lo que de verdad me llevo no es técnico, o no del todo. Es que la parte difícil no es escribir el código, es comprobar que hace lo que dices. Llevo un documento en el proyecto donde apunto cada vez que una comprobación mía me mintió, y son unas cuantas: guardiones que daban por caída una web que funcionaba, scripts que revertían despliegues perfectos porque buscaban una palabra dentro de un comentario que explicaba precisamente por qué esa palabra ya no estaba, una verificación que fallaba o no según el tamaño del archivo. Tres despliegues revertidos en dos días, los tres con el código impecable, los tres porque mi comprobación preguntaba una cosa distinta de la que yo quería saber.
La regla que saqué de ahí la aplico ahora en todo lo que hago: una comprobación pregunta si la cosa hace su trabajo, no si contiene una palabra. ¿Funciona la base de datos? Ejecuta una consulta. ¿El enlace apunta ahí? Busca el enlace, no el texto suelto. ¿La reconexión funciona? Corta la conexión a propósito y mira si vuelve. Y si escribes un guardián, rómpele algo delante para saber si sirve: varios de mis despliegues fabrican archivos rotos a propósito antes de empezar y se niegan a seguir si el comprobador no los caza. Un guardián que nunca ha cazado nada no se distingue de uno roto.
Eso, y que los fallos que hacen daño de verdad no dan error. Voltio estuvo meses perdiendo entrenos sin cobertura porque el código que guardaba la copia local estaba escrito para una situación que no ocurría nunca: la cola no se llenaba jamás y el entreno se perdía en silencio. Un programa que se rompe te avisa. Uno que funciona a medias, no.
Dónde está ahora
Voltio lleva funcionando en producción desde julio, con usuarios reales entrenando con ella todas las semanas.
Ahora mismo está en la prueba cerrada de Google Play. Google exige que doce personas la tengan instalada y la abran durante catorce días seguidos antes de dejarte publicar, y si alguien se sale el contador vuelve a empezar. Ya tengo a las doce y el plazo está corriendo, así que la publicación en Play es cuestión de días.
Lo siguiente es la App Store. Ahí tengo montado el andamiaje —el proyecto está configurado y el front ya se empaqueta— pero no he compilado ni subido nada todavía, y lo digo tal cual, que bastante gente vende como hecho lo que aún está a medias. Es el siguiente paso en cuanto cierre lo de Android.
Mientras tanto, la app funciona hoy en cualquier móvil desde el navegador, se instala en la pantalla de inicio y va igual en iPhone que en Android. Es gratis hasta el 1 de diciembre de 2026, sin tarjeta.
Si entrenas fuerza y te apetece probarla, está en [voltioapp.es](https://voltioapp.esopen_in_new). Si tienes Android y quieres entrar en la prueba cerrada, escríbeme y te meto: quien está en esta fase se queda con Voltio gratis mientras el servicio exista. Y si eres de iPhone y prefieres esperar a la App Store, dímelo también y te aviso el día que salga.
Cualquier cosa que te chirríe, cuéntamela. Para eso está.
Preguntas Frecuentes
❓¿Qué es Voltio y cómo funciona la sobrecarga progresiva?
Voltio es una aplicación para smartphone desarrollada por Rocío F. Peral que automatiza la sobrecarga progresiva en entrenamiento de fuerza serie a serie, calculando objetivos semanales (peso y repeticiones) según el rendimiento exacto de la semana anterior.
❓¿Cómo reconoce Voltio las rutinas de entrenamiento?
Acepta cualquier formato (Excel, PDF, imágenes de cuadernos, Word, Numbers, Pages, CSV o texto plano). Inspecciona los primeros bytes del archivo, extrae texto mediante lectores nativos y, si es necesario, procesa el documento con visión e Inteligencia Artificial.
❓¿Qué papel juega la ciencia y los estudios científicos en el catálogo de rutinas de Voltio?
Voltio integra un buscador legal de literatura científica con 1.736 estudios inventariados y 1.078 fragmentos analizados (OpenAlex, Europe PMC, SportRxiv) para alimentar un catálogo cerrado de 54 rutinas fundamentadas en la evidencia del ACSM.
❓¿Dónde se puede probar Voltio y en qué plataformas está disponible?
Voltio funciona directamente en el navegador de cualquier smartphone (PWA instalable) desde voltioapp.es y se encuentra en fase de prueba cerrada en Google Play Store previo a su lanzamiento en App Store.
